El Pensamiento Revolucionario de Bautista von Schouwen (MIR): La Estrategia Revolucionaria.

LA ESTRATEGIA REVOLUCIONARIA.

Por Martín Hernández (Extracto del Libro “el Pensamiento Revolucionario de Bautista von Schouwen”, para descargarlo se encuentra el link abajo)

Al discutir la forma que debe asumir la estrategia de los revolucionarios van Schouwen distingue dos grandes modelos, el que denomina lucha de masas o insurrección corta y la guerra revolucionaria prolongada e irregular.

Al igual que lo que hacían las Tesis político-militares del MIR, ambos modelos estratégicos son subsumidos bajo la común denominación insurrección. Aquí hay, obviamente una importante influencia de la revolución china y de las teorizaciones de Mao Zedong sobre la guerra revolucionaria.

Pero también hay un intento por diferenciarse de los modelos foquistas que planteaban la lucha guerrillera como método para la conquista del poder. Uno de los elementos que diferenciaba la concepción del MIR de las tesis foquistas es que el MIR concebía que siempre el momento del asalto al poder se lleva a cabo bajo la forma de insurrección de masas y que, por tanto, la lucha armada es una de las formas de construcción de fuerza social necesaria para proceder al asalto del poder.

La insurrección “corta”.

Es la forma clásica que asumieron los movimientos revolucionarios de principios del siglo XX y muy particularmente la revolución rusa, que van Schouwen toma como modelo para explicar la forma en que se lleva a cabo la insurrección, destacando que ella:

  1. Es un levantamiento simultáneo y generalizado de la población que destruye en un momento el poder burgues;
  2. Es un movimiento eminentemente urbano originado en una crisis económica que suscita un movimiento ascendente del proletariado, el cual desarrolla luchas ofensivas contra un gobierno ya debilitado, paralizándolo;
  3. Las tropas revolucionarias y los soldados desertores ocupan los lugares estratégicos durante la noche; en el día las masas armadas se toman las calles, derriban el viejo poder y dan comienzo al gobierno obrero.
  4. En el propio seno del partido revolucionario hay vacilaciones y hay sectores que no creen posible el triunfo.

Después de esta descripción, van Schouwen analiza cuales son las características de la situación en que se produce la insurrección.

En primer término destaca que este tipo de insurrección no se puede preparar a voluntad pues requiere de condiciones que están más allá de los revolucionarios, una crisis económica y social en la cual se produce una parálisis de la clase dominante y una activación sin precedente de las clases explotadas. Cita en este sentido a Trotsky, quien al enfrentar al tribunal después de la derrota de 1905, dice que la insurrección es el resultado de circunstancias sociales, que se la puede prever pero no suscitar.

Para redondear el punto, hace una descripción muy similar a la caracterización que da Lenin de una situación revolucionaria:

“En conclusión la revolución rusa y cualquier otra organización que usa el levantamiento general de masas como vía de toma del poder, precisa de las características siguientes:

  1. Crisis agónica del sistema capitalista, con gran debilidad de las clases dominantes, incapaces de sostener su dominación como consecuencia de una situación sumamente explosiva.
  2. Alto grado de organización y combatividad de las masas, concreción del poder dual.
  3. Gran partido de masas con gran número de militantes, periódicos, etc., lo que supone el control de la mayoría de los organismos de masas y en general de la nación.”[1]

Es decir, la insurrección, la lucha directa por el poder, el asalto al poder, se torna posible sólo en circunstancias históricas concretas, reconocibles por ciertos rasgos específicos. Podemos reconocer esos rasgos y en ese momento plantear la necesidad de la insurrección, pero no lo podemos “fabricar” a nuestra voluntad.

A continuación van Schouwen discute si en las circunstancias históricas de ese momento era posible, en Chile y Latinoamérica, que se produjera una situación insurreccional.

Nos va a decir que eso no es posible y para ello va a desarrollar los siguientes elementos:

  1. El carácter supranacional del complejo social dominante hace difícil que la clase dominante llegue a una situación de debilidad e incapacidad tal que no pueda seguir gobernando; antes de que ello ocurra el imperialismo interviene y si es necesario se impone un régimen de fuerza.
  2. Por lo mismo, a pesar de los avances del movimiento popular, y de su combatividad, no se alcanza a dar el nivel de organización de masas (soviets, poder dual, etc.) necesario para derribar el poder. Las nacientes formas de movilización y organización de las masas serán reprimidas antes de llegar al nivel de desarrollo necesario para plantearse derribar el poder.
  3. Lo anterior es válido también para el partido revolucionario del proletariado. No se permitiría la existencia de un partido revolucionario de masas, que convoque a la insurrección y se prepare para ella sin que se desencadene la represión en su contra.
  4. Los ejércitos burgueses han evolucionado y ya no se dividen por obra de una crisis del sistema de dominación sino que sobreviven a las crisis y son luego los pilares fundamentales de las dictaduras. Esto implica que el ejército revolucionario no saldrá de la división del ejército burgués; pero, además, que tampoco hay un margen de maniobra que permita crear un ejército revolucionario sin que se deje caer la represión y, por tanto, sin combate.

Al respecto, aunque van Schouwen no lo indica, hay que tomar en cuenta que después de la Primera Guerra Mundial y la revolución rusa, las burguesías de los países imperialistas emprendieron la tarea de modificar sus fuerzas armadas, profesionalizándolas y desarrollando una doctrina de uso que dificultara su división por efecto de crisis políticas. El soldado ciudadano surgido con la revolución francesa, y la teoría de la guerra basada en los ejércitos de masas fueron objeto de duras críticas. De este modo, en Francia el general de Gaulle (en Hacia el ejército profesional, 1934) propugna un tipo de soldado “con suficiente espíritu militar para aceptar combatir sin preocuparse de los motivos”. De la misma manera en Inglaterra el capitán Liddell Hart (en el espíritu de Napoleón, 1933) critica duramente a Clausewitz, a quien denomina “el mhadí (mensajero de Alá) de las masas y de la destrucción mutua”, y propone una estrategia de aproximación indirecta.

En América latina este proceso comenzó al término de la Segunda Guerra Mundial con el Pacto Interamericano de Asistencia Recíproca y la formación de los militares latinoamericanos en las academias de Estados Unidos. Entre los oficiales chilenos que en los cincuenta siguieron los primeros cursos en la Escuela de las Américas (cuando eran tenientes o capitanes) figuran connotados oficiales superiores golpistas de 1973 como Carol Urzúa Ibáñez, Juan Gmo. Toro Dávila, Humberto Gordon Rubio, Alejandro Medina Lois, Luis Danús, etc.

5. Finalmente, para sostenerse y construir una sociedad socialista, una revolución no puede llevarse a cabo en países aislados, sino que debe ser continental. En esto se sigue el planteamiento del Che Guevara, que engarza con la formación trotskista de van Schouwen y la crítica a la construcción del socialismo en un solo país. Claro que ahora lo continental no tiene que ver sólo con la construcción de la nueva sociedad sino también con el proceso de lucha para llegar a ella. Pero la continentalidad de la lucha revolucionaria en América latina, la creación de muchos Vietnam, no es posible mediante la insurrección sino mediante una guerra prolongada.

La guerra revolucionaria prolongada.

El segundo modelo, entonces, a considerar en esta discusión sobre la estrategia de la revolución chilena es el de la guerra prolongada.

De inicio nos señala que este es “el carácter que tomará nuestra guerra”, que esa es “nuestra estrategia insurreccional”; con lo cual nos advierte que lo que viene de aquí en adelante ya no es una mera discusión histórico o teórica, como el análisis de insurrección corta, sino una propuesta política.

Por lo mismo, la exposición no tiene la misma estructura que la que tenía la exposición sobre la insurrección, en la cual se presentó ordenadamente una descripción del fenómeno, se analizaron las condiciones para su emergencia y se discutió si ello era posible en las condiciones de la época. Aquí se va de inmediato a la descripción o presentación del cómo debe hacerse.

Esta presentación tiene, a nuestro juicio, siete aspectos, aunque hay uno que hemos dejado para el final que no figura como punto específico en la exposición sino que está incluido en varios de ellos:

1.La guerra revolucionaria en Chile será política y social, pues su objetivo es la conquista del poder y las acciones armadas tendrán claros objetivos políticos. Por lo mismo, el revolucionario armado es un político, combate para hacer propaganda a las ideas revolucionarias y la propia acción armada es un elemento de agitación política. Es una guerra de clase que debe conducir a la creación de un gobierno obrero para realizar una revolución socialista en Chile; en ese sentido, su tarea central es que la población se pliegue a la lucha, que “la población se transforme en militante”. Culminará en un poder dual y en el derrumbe del estado burgués por obra no de una crisis exógena sino por la crisis que provoca esta concientización de las masas y la propia guerra revolucionaria.

“Ahora bien, no hay lucha armada revolucionaria sin la participación activa y combativa de las masas. Esta es también otra enseñanza que nos dejó el Che. Esto no quiere decir ni mucho menos que las vanguardias renuncien a la utilización de métodos violentos, de formas armadas de lucha como un recurso para ir creando las condiciones para esa incorporación activa de las masas a que aludimos. Quiere decir tan sólo que, siendo una orientación válida de trabajo político, el recurso a esas formas armadas de lucha no resuelve de por sí el problema fundamental de la ligazón de la vanguardia y las masas, entre la articulación de la lucha armada con la lucha de masas.[2]

2. La guerra revolucionaria será prolongada pues el ganarse a la población tiene un tiempo. Los revolucionarios inician la lucha armada con una correlación de fuerzas desfavorable, con el propósito de crear a través de la lucha las condiciones para el asalto al poder, asalto que se concreta, en medio de una crisis de la dominación, a través de un levantamiento de masas (una insurrección) coordinado con un ejército revolucionario. La misma prolongación de la lucha irá forjando en la práctica la continentalidad de la revolución pues los movimientos podrán encontrarse.

3. Por esta desfavorable correlacion inicial de fuerzas, la guerra revolucionaria será irregular, esto es usara como método la lucha guerrillera que permite ir desgastando el potencial bélico adversario. Toda la explicación que van Schouwen da en este punto tiene clara influencia de Clausewitz quien define el desgaste de la siguiente manera:

“Desgastar al enemigo en un conflicto significa aprovechar la duración de la guerra para causar el agotamiento paulatino de su resistencia física y moral…”[3]

En el marco de la exposición sobre el carácter irregular de la guerra revolucionaria, van Schouwen pone énfasis en que la estrategia de desgaste es la que permite la movilidad, presentar batalla solo en condiciones favorables, mantener una ofensiva táctica permanente en el marco de una defensiva estratégica, y sobre todo que todas estas características solo son posibles en la medida que la guerrilla tiene el apoyo de la población, especialmente de la población del lugar en que se llevan a cabo las operaciones.

4. La guerra revolucionaria en Chile se dará estratégicamente en el campo y tácticamente en las ciudades, pues será en las zonas rurales donde se podrá formar el ejército revolucionario y radicar la dirección revolucionaria. La lucha irregular, que requiere movilidad constante y flexibilidad, sólo encuentra en el campo estabilidad, seguridad, libertad de acción y movilidad que son las bases del desarrollo del ejército revolucionario.

La lucha urbana tienen gran importancia, allí es donde reside la mayor parte de la población y fundamentalmente la clase obrera; sus acciones tienen mayor efecto propagandístico y, además, al obligar a las fuerzas represivas a extenderse impide o dificulta el cerco a los luchadores rurales, al tiempo que les sirve para proveerlos de recursos materiales, canalizar el apoyo de masas, etc.

5. La lucha armada articula o supedita a todas las otras formas de lucha, apareciendo como la forma superior de lucha. Las luchas reivindicativas, las luchas callejeras, los posibles levantamientos en el ejército burgués, todo ello se supedita a la lucha armada.

6. La guerra prolongada no es obra de un grupo militar conspirador sino de un partido político revolucionario de nuevo tipo.

7. Finalmente, agregamos separadamente un elemento que está referido en diversos lugares al exponer los seis puntos anteriores. Esta guerra prolongada no puede iniciarse sin la existencia de determinadas condiciones previas, que no desarrolla, para que no aparezca ajena a los problemas que viven los trabajadores. Por lo mismo, también las acciones armadas deben vincularse permanentemente a las luchas inmediatas de las masas.

Después del desarrollo de los aspectos señalados, van Schouwen resume la exposición, aunque expresando en la síntesis elementos que ya se habían desarrollado anteriormente:

“En síntesis de lo anteriormente dicho, la lucha armada en Chile tendrá las siguientes características:

  1. Será esencialmente, desde sus inicios, antiimperialista y anticapitalista a la vez.
  2. Tomará desde sus inicios el carácter de guerra social y de liberación a la vez, siendo sus clases motoras obreras y campesinas. Asimismo no habrá cabida a alianzas con una supuesta “burguesía progresista”.
  3. Tendrá un carácter prologado e irregular o guerrillero ligado en su desarrollo, y permanentemente a la lucha de clases.
  4. Se desarrollará en el campo y en la ciudad teniendo mayor importancia estratégica en las zonas rurales.
  5. Tendera siempre a la formación del ejército revolucionario y del poder revolucionario.
  6. La clase obrera tomara también desde sus inicios un papel relevante y su participación en la lucha armada urbana no tendrá solo el carácter de apoyo o diversión de recursos enemigos, sino que canalizara todo el proceso social que se expresará en su forma armada, siempre sobre la base de la importancia estratégica de la lucha guerrillera en el campo.
  7. Envolverá las más amplias formas de lucha revolucionaria sin exclusión de ninguna.
  8. Se entenderá siempre como parte de la revolución continental latinoamericana”.

[1] B. van Schouwen, Estrategia Insurreccional.

[2] B. van Schouwen, Discurso en homenaje a Carlos Lamarca.

[3] Clausewitz, De la Guerra, edición del Ministerio de Defensa, Secretaria General Técnica, Madrid, 1999, pág. 201

El Libro en Cuestión: https://lahaine.org/b2-img/schowen.pdf

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