Ningún cuerpo merece ser violado.

“NINGÚN CUERPO MERECE SER VIOLADO”

por Anto

En la Plaza Echaurren, esa que aparenta un pasado glorioso cada vez más lejano, en la Plaza de la permanente crisis y abandonos, aparece un lienzo para gritar en medio de tanto silencio y confinamiento: “ningún cuerpo merece ser violado”. Un principio que nos debiera parecer indiscutible. “Ningún cuerpo merece ser violado”. Un lienzo debe aparecer para recordarlo. “Ningún cuerpo merece ser violado”, como una respuesta para aquellos que con acusaciones de adicciones buscan igualar y hasta justificar una violación, “ningún cuerpo merece ser violado”.

Camino por el lugar de los boleros sufrientes, por la Plaza del negro Farías, que sentado como un cualquiera, te recibía con su mano extendida, como entregando algo a los muchos que se sientan a su alrededor, o se detienen para mirarlo, abrazarlo, recordarlo, esperando que su escultura manca tararee un ritmo que les alivie o al menos interprete ese pesar que arrastran y que los mantiene habitando, con porfía, este centro abandonado y al mismo tiempo tan cotizado por el capital turístico. Este casco histórico, este barrio puerto con más títulos honoríficos que dignidad material. Este barrio de postales hipócritas que no muestran al mundo las caras de la marginalidad y violencias.

Roxana González es vecina del Barrio Puerto, de la Echaurren. Hace una semana era recurrente verla en el lugar, hasta que desapareció entre sus pasajes, en calle Valdivia, en esos escasos cien metros que atraviesan las dos arterias del centro histórico porteño. A metros de la plaza, Roxana fue secuestrada, retenida y brutalmente abusada durante días por Teobaldo Sanhueza y otros dos hombres. En un descuido de sus captores pudo pedir auxilio y huir, ahí fue rescatada por la Echaurren, por las amigas de la Echaurren.

Las compañeras nos alertaron sobre lo sucedido, frente al silencio cómplice de medios de comunicación e instituciones, que amparan a violadores y juzgan a Roxana por sus adicciones, por juntarse en la plaza, ser mujer y pobre. Fueron las compañeras quienes hablaron y convocaron a levantarnos durante cuatro días, para apoyarla y hacer justicia por ella y para todas.

En un pequeño pasaje, oculto entre edificios de estética europea, se aglomeran decenas de mujeres, vestimentas negras y en silencio. Se van acercando ¿Cuántas decenas? o quizá un ciento de cuerpos en resistencia, frente a las políticas de muerte promovidas por el Estado, a la epidemia del coronavirus y a la pandemia de pobreza, marginalidad y adicciones que ha generado el capitalismo en este sur, tan rico y por lo mismo, tan saqueado.

Tambores y gritos, ira en el aire, olor a un incendio reciente, los bomberos nos vigilan, velas se encienden, las voces aparecen exigiendo justicia, anuncian justicia, las compañeras toman el megáfono.

Hablan de Roxana y relatan los hechos, de cómo logró escapar y pedir auxilio pese a la indiferencia que acompaña su vida, juzgada a través de sus adicciones. Mientras Roxana era rescatada, “el pela’o Teo”, como se conoce al carpintero violador, continuaba en la mueblería, sin temores, amparado en la marginalidad y el prejuicio. Una paliza y la quema del inmueble fue la respuesta popular ¿Y es legítimo tomar la justicia en nuestras manos? Lo cierto es que ha sido el único juicio. Los pacos llegaron al lugar para llevarse a Roxana en el retén, entre tirones y gritos.  Teo, el violador, fue retirado en una ambulancia para ser asistido. Tras eso, la oscuridad de la burocracia y del estado de emergencia hacen lo propio para amparar al violador hasta dejarlo en libertad.

“Nos preguntamos ¿es que existen víctimas de primera y segunda categoría? ¿Es la pobreza sinónimo de no contar con un trato justo?, ¿hasta cuándo carabineros de Chile prejuiciará a las personas de la calle, sobre todo a las mujeres y las denostará gratuitamente?”

Declaración pública Biblioteca Popular Jorge Farías, Valparaíso, 2 de abril 2020

Roxana sigue hospitalizada, combatiendo los golpes y traumas, resistiendo la angustia de la pasta base y a los sistemas de salud y judicial que niegan su verdad, disfrazando lo ocurrido como una infección urinaria y ocultando información amparado en la emergencia sanitaria del COVID-19. Sus compañeras se siguen convocando, contra el miedo y el silencio, contra la complicidad y violencia de los guardianes del orden patriarcal. Estos aparecen por el callejón, se asoman a lo lejos hasta que las velas se transforman en barricada y rebeldía.

“¿Dónde estaban cuando la violaban?”, se exige justicia y dignidad. “¿Dónde estaban cuando la violaban?” las balizas y sirenas de los pacos se activan amenazantes. “¿Dónde estaban cuando la violaban?”, las cortinas de metal anuncian una nueva masacre. “¿Dónde estaban cuando la violaban?”, se abren las puertas y bajan los soldados bastardos. “¿Dónde estaban cuando la violaban?” VIOLANDO.

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