VEGANISMO SOCIALISTA: Apuntes para una concepción revolucionaria de las relaciones humanas-animales.

VEGANISMO SOCIALISTA.
Apuntes para una concepción revolucionaria de las relaciones humanas-animales

Mientras el capital muestra su rostro más cruel y despiadado, los dueños del poder intentarán convencernos de su retórica fascista que “el problema es el humano”.
Este artículo nos devela que el especismo, el extractivismo y la desigualdad social son resultado de un mundo construido en función de la propiedad privada. La vida en armonía con la naturaleza y las demás especies no es una utopía, sino una tarea urgente para garantizar la vida de nuestro planeta, la biodiversidad y, con ella, nuestra propia especie

por “Dano Asecas”

Contenido

  1. Lo que entendemos por veganismo.
  2. El contexto en que se desarrolla el veganismo.
  3. Acerca de la industria y el mercado vegan.
  4. Una autocrítica política.
  5. Veganismo socialista, una alternativa política anticapitalista.
  6. Nociones veganas para el socialismo, porpuestas socialistas para el veganismo.

1. Lo que entendemos por veganismo

Entenderemos por veganismo la decisión voluntaria de cesar la participación de actividades que violenten animales, consumir productos de origen animal, testeados en animales, o cuyo proceso de producción implique la explotación o el asesinato de animales. Básicamente, les reconoce como seres sensibles y propone un estilo de vida que no implique su uso como objetos de consumo.

A diferencia de la dieta vegetariana[1], el veganismo sobrepasa el plano alimentario y aplica para todos los hábitos personales de consumo, subordinando la vestimenta, la cosmética, la medicina y las actividades de ocio a una perspectiva ética. Más que una opción comercial, estética o alimentaria, es un movimiento que propone un paradigma de relación humana-animal sin especismo[2], una forma de concebir las demás vidas animales en equivalencia con la vida humana y abandonar la idea antropocéntrica[3] de una supremacía que legitime la violencia sobre otras especies.

El veganismo no se opone a la domesticación o la tenencia de animales, pero sí se posiciona radicalmente en contra del abuso, la violencia y el maltrato. No solamente el movimiento vegan aboga por los derechos de las mascotas y otros animales domésticos, también hay diversos sectores que simpatizan con dicha causa, no obstante, únicamente el veganismo extiende esa concepción hacia todas las especies, sean salvajes o domésticas.

La sensibilidad con los animales es un área de la consciencia que ha ido desarrollándose con el paso de las generaciones. Ello puede manifestarse en el incremento de la adhesión a las causas animalistas y el repudio cada vez mayor a las prácticas que asesinan o hieren animales. Hoy es común en amplios sectores de la juventud el rechazo a actividades como el rodeo, las peleas de gallos y las carreras de perros. Se ha hecho popular incluso la abstinencia del consumo de carne, pero aún es inusual que las personas cambien sus hábitos de vida a tal punto de abandonar definitivamente toda práctica que involucre explotación animal.

No se es vegan por considerarse un ser superior, sí por reconocer que las demás especies no nos son inferiores, que no hay derecho natural al abuso. Negarse a gozar de la explotación animal ha de ser un acto de humildad, disciplina y compromiso. El nivel de cambios sociales, políticos o económicos que un individuo puede lograr ante la sociedad desde una simple decisión sobre sus hábitos personales es completamente cuestionable, la diferencia entre ser o no ser cómplice del especismo no radica en una razón cuantitativa, sino subjetiva.

Sería un simplismo reducir el veganismo a una “acción del no hacer”. No es sencillamente un juramento ortodoxo como no consumir cerdo o mantener la castidad hasta el matrimonio. El movimiento vegan lo que afirma es que el abuso sobre los animales se sostiene en una relación de poder, de dominio-subordinación, donde la violencia es la condición base para la estructuración de un orden no-natural cuyo fin es sostener el privilegio de usar animales como objetos de consumo. Y como privilegio propiamente tal, es renunciable. El movimiento vegan se sostiene, finalmente, en que el veganismo es posible, poniendo como evidencia empírica la práctica cotidiana de un modo de vida contra-hegemónico.

Para ninguna persona psicológicamente sana es placentero o gratificante presenciar maltrato o sufrimiento. No es parte de nuestro desarrollo natural el volvernos insensibles ante el dolor ajeno, es algo que aprendemos a tolerar, que por un proceso de socialización llegamos a considerar natural, pues ya estaba establecido en el sentido común de las instituciones que nos formaron, desde los aparatos ideológicos más pequeños e inmediatos como la familia, hasta las superestructuras más complejas y abstractas como el Estado. Naturalizar la violencia es un proceso psicosocial que precisa la disociación entre el cuerpo material y el ser sensible. Cuando miramos una parrilla con carne no vemos cadáveres descuartizados, no porque no sepamos que esos cuerpos alguna vez vivieron y tuvieron que ser asesinados para poder comerlos, siempre lo hemos sabido, sencillamente lo ignoramos. No vemos violencia alguna en comer lo que todo el mundo come, pero no cualquier persona está dispuesta a ser testigo del proceso entre la granja y la parrilla. Muy pocas personas –quizás las menos sanas emocionalmente- quisieran pasarse la vida en un matadero hacinado matando de vacas, cerdos o pollos, pero sí millones de personas se pasan la vida comiéndolos.

Al momento de consumir un producto, sea cual sea, lo único que consideramos es su valor de uso, es decir, para qué lo quiero, cuánto me sirve y cuánto puedo disfrutarlo. Si la mercancía me es útil, la consigo y la consumo. Ignoramos por completo qué hay más allá del elemento inmediato tal como se nos presenta. Cuando vamos a la panadería no nos preguntamos cómo llegó un trigal a convertirse en masa. Vemos, olemos y tocamos un pan pensando en saciar nuestro deseo de comerlo; ignoramos la tierra donde fue sembrado el trigo, las personas que lo plantaron y cosecharon, el molino donde lo molieron, la industria donde lo refinaron, la bodega donde lo almacenaron, los panaderos que lo amasaron y los hornos donde lo cocieron. Se nos presenta mágicamente un pan ajeno a la tierra, la semilla, el molino y el panadero. La división social del trabajo acompañada del desarrollo tecnológico de la técnica industrial separa cada vez más al producto de su origen y proceso de producción; separa cada vez más a nuestra especie de su medio natural, convierte nuestras necesidades materiales naturales en opciones de mercado. Lo concreto se vuelve abstracto, lo abstracto se nos presenta como “lo” concreto.

Marx llamó fetichismo de la mercancía a este fenómeno donde apreciamos un objeto que se nos presenta como producto completamente enajenado de sus condiciones de producción. Una especie de velo encantador cubre las mercancías para que ignoremos que tras ellas hay marcas de látigo, manchas de sangre y charcos de sudor. Adoramos las mercancías como fetiches, como objetos valiosos cuyo origen es un misterio. Se nos presentan como productos completamente separados de sus productores, como si no fueran fruto del trabajo. Ninguna mercancía nace de la nada, siempre hay involucrado un proceso productivo donde las condiciones del trabajo únicamente son conocidas por quienes intervienen directamente en la producción.

Lejos de todo supuesto desapegado de la condición histórica, hoy el medio para abastecerse de cualquier producto es el mercado. Bajo el modo de producción capitalista el fin de todo producto es ser vendido, independiente a la necesidad de su consumo o las consecuencias de su producción. En otras palabras, únicamente importa su valor de cambio, cuánto me pagarán por él, por cuánto puedo venderlo. Los alimentos no se producen pensando en quienes van a comerlos, sino en quienes van a comprarlos. ¿Cómo podríamos explicar que a diario se deseche toneladas de comida mientras hay personas que no alcanzan siquiera a comer todos los días? La comida no es alimento para vivir, sino mercancía para vender. Si no pagas, no consumes. Es la ley del mercado.

Las opciones de consumo, más que mediadas por la voluntad individual, están determinadas por condiciones materiales concretas: qué productos hay disponibles y a cuáles de ellos tengo acceso. Es una condición impuesta por el modo histórico de producción. Quienes poseen los medios determinan qué, cómo y cuánto producir. Desde la posición del consumidor no es posible transformar en absoluto ni un ápice de las lógicas productivas. Que una porción de la población opte por cesar de consumir un tipo de mercancías en particular, puede traer consigo la reducción del flujo de dicha mercancía, pero no le pondrá fin a su producción. Quien consume no interviene en la producción, solo la alimenta y reproduce. El régimen social capitalista, basado en la explotación y la acumulación de riquezas, sigue siendo una pugna de clases que no tendrá salida fuera de las contradicciones internas de la sociedad. Por muchos matices y reveces que tenga, la contradicción medular de este modelo es entre el capital y el trabajo, entre privilegiados y desposeídos, entre quienes trabajan para vivir y quienes les explotan, no entre consumidores y mercaderes. Por mucho que nademos contra la corriente, no cambiaremos el curso del río; por mucho que cambiemos los hábitos de consumo no transformaremos el modo de producción.

En estricto rigor, el veganismo no es en sí mismo una propuesta social, pues no está necesariamente vinculado a un proyecto de transformación de las relaciones humanas y el modo de producción. Hasta el momento, se ha mantenido dentro del plano de la individualidad, mostrándose ajeno a una propuesta política concreta que aborde las contradicciones sociales más allá de nuestra relación con las demás especies. A pesar de que es común su vinculación con el ecologismo o el anarquismo, no es inherente. El veganismo no necesariamente se propone la erradicación del extractivismo, la desigualdad social o la explotación humana.

Existe, como en muchos movimientos, una amplia diversidad social, política e ideológica entre quienes optan por el veganismo. Podríamos decir que no responde a ninguna tendencia política ni a una organización en particular. Sin embargo, hay una condición social determinante para poder practicar el veganismo: el acceso a productos libres de explotación animal.

Paradójicamente, tener la posibilidad material de practicar el veganismo es también un privilegio. El aún incipiente mercado vegan no está al alcance de toda la población trabajadora. Solo las grandes ciudades tienen acceso a las líneas de productos vegan, cuyos costos están lejos del presupuesto de cualquier familia proletaria. Podemos rebuscarnos imaginando la posibilidad de vivir en el campo y alimentarnos únicamente de lo que cultivamos, pero además de no ser esa la realidad de la mayoría de la población, el suelo rural hoy está al servicio de la devastación forestal, los monocultivos y la macro-industria agrícola. Querámoslo o no, comemos lo que podemos pagar.

Dadas las condiciones históricas de nuestra geografía, producto del acelerado desarrollo del neoliberalismo como modelo hegemónico a nivel global, el uso del suelo habitado está sujeto a una contradicción campo-ciudad donde la metrópolis depreda la periferia, reduciendo cada vez más el suelo rural y destinando la producción agrícola al servicio del consumo urbano. En la actualidad los centros urbanos han llegado a tal nivel de densidad que se hace imposible que cada ser humano pueda cultivar su propio alimento en el lugar que habita. El acceso a los alimentos ha sido empujado prácticamente por completo al terreno del mercado. Salvo por casos excepcionales, que serían comunidades agrícolas o semi-urbanas que practican la soberanía alimentaria a pequeña escala, la alimentación se subordina a una capacidad monetaria.

Para acceder a los alimentos de primera necesidad se nos hace imprescindible contar con un mercado agrícola fluido y accesible, donde los precios no estén sujetos a la anarquía monopólica de la macro-industria. En algunas ciudades es posible y completamente práctico comprar los alimentos esenciales en la feria o el mercado popular, a un precio justo y de buena calidad. Sin embargo, los conocimientos básicos sobre el aporte nutricional de los alimentos son algo con lo que nuestra población comúnmente no cuenta, no por incapacidad sino por años de embrutecimiento publicitario que convence a las familias de comprar Coca-Cola, cerveza y embutidos, pero jamás habla sobre la necesidad del consumo de legumbres, hortalizas y semillas. No solamente se presentan como impedimento las acotadas opciones de acceso a los alimentos esenciales, sino también la ignorancia y una visión distorsionada sobre la alimentación.

El veganismo, tal como lo conocemos, no pudo haber surgido del seno de la clase trabajadora, no por razones éticas sino materiales y culturales. Han sido sectores sociales acomodados con una amplia variedad de opciones de consumo quienes desarrollaron este estilo de vida bajo las condiciones urbanas actuales. La filosofía de vivir sin ejercer violencia hacia otros animales es miles de años más antigua que lo que hoy llamamos veganismo, no obstante, este movimiento, con su marcado tinte occidental, neoliberal y pequeñoburgués, es una novedad de la que no se hablaba hace veinte años. Incluso en nuestra época sigue siendo practicado por una selecta y reducida población, generalmente con un nivel económico y cultural superior al de la mayoría.

Aunque nos duela, debemos asumir que este movimiento es ajeno al pueblo trabajador. ¿Está por eso condenado a ser para siempre un movimiento sin proyecto político-social? De ninguna manera. Nuestro propósito es plantar las bases para comprender que el veganismo, entendido como una lucha inseparable de la conquista de los medios de producción, puede ser más que un hábito propio de sectores acomodados con consciencia crítica. Afirmamos que el movimiento vegan, en la lucha de clases, ha de tomar partido por la clase trabajadora, es más, osamos sostener la propuesta de un veganismo socialista como alternativa real, una práctica popular y una estrategia política concreta.

2. El contexto en que se desarrolla el veganismo.

Los movimientos de la historia no dependen de factores éticos o morales, aunque así lo quisiéramos. Todo proceso histórico está atravesado por las condiciones materiales objetivas de su contexto. Nada nace de la nada. El pensamiento mismo supera sus límites y su rango de alcance en la justa medida que sus condiciones históricas lo permiten. El veganismo no es una excepción en la historia de las corrientes y posturas filosóficas. No nació del mundo de las ideas sino de factores históricos concretos.

La relación humana-animal no es estática sino histórica, por ende, mutable y transitoria. Si bien hay factores éticos y morales que determinan las relaciones de la especie humana con su entorno natural y social, esos principios son dinámicos y relacionados dialécticamente con las condiciones históricas de producción. Tal como en todo proceso del pensamiento humano, nuestra forma de concebir y relacionarnos con los animales fue avanzando junto a las condiciones del trabajo. El rol de la caza, la ganadería, el trabajo en cuero y la montura han sido técnicas y formas de dominio determinantes para el desarrollo de innumerables culturas, cuyas prácticas, que hoy podríamos considerar barbáricas, únicamente han sido reemplazadas gracias al desarrollo de la tecnología y las técnicas productivas.

El trabajo es la aplicación de la racionalidad mediante la actividad social en el proceso de transformación del medio natural; es la síntesis entre el pensamiento, las relaciones sociales y la naturaleza. Toda transformación que implique una ruptura en la historia, un cambio radical de paradigma frente a la naturaleza, la estructura social y el pensamiento humano, ha de ser una transformación del mundo del trabajo.

Nuestra forma de concebir la tierra, las plantas, los pueblos, el universo, en fin, todo lo que nos rodea, varía junto con las transformaciones generadas por el trabajo. Toda idea que comenzó siendo una hipótesis se convirtió en verdad universal cuando los métodos de observación permitieron comprobar sus fundamentos. La tecnología, fruto únicamente del trabajo humano, es el principal mecanismo para ampliar el campo de observación e interacción con la realidad. ¿Podemos hoy, con los más avanzados telescopios, satélites y naves espaciales negar la inferioridad de la Tierra frente a la inmensidad del cosmos? ¿Podemos hoy, con los más finos microscopios, negar la existencia de la composición celular y los microorganismos? El pensamiento propone, el trabajo dispone.

Nuestra relación con las demás especies animales también está mediada por las condiciones materiales del trabajo. El uso de animales como insumos productivos ha ido mutando acorde a los avances tecnológicos en los medios de producción. En términos más concretos: el caballo fue reemplazado por la bicicleta y el automóvil; la yunta de bueyes por el tractor; la carreta de caballos por el tren; la vestimenta de cuero por el plástico y la lana de oveja por el algodón procesado.

El uso y consumo de animales para fines humanos es hoy una “opción” gracias al desarrollo tecnológico de nuestra época. Optar por el veganismo como estilo de vida no depende únicamente de la voluntad individual sino de la posibilidad objetiva de practicarlo, por eso sostenemos que hoy más que nunca puede ser una opción para toda la humanidad. No podemos sentenciar si acaso el veganismo era posible bajo otra realidad histórica, los contextos históricos no son homologables, pero sí podemos afirmar que el momento actual es consecuencia de los procesos históricos que la humanidad ha vivido hasta ahora, por ende, este movimiento es fruto de ésta y no de otra realidad histórica.

Observemos qué factores materiales posibilitan la existencia del veganismo tal como lo conocemos en la actualidad:

  1. La profundización del modelo extractivista, centralista y primario exportador: las zonas urbanas crecen depredando las zonas rurales. El abastecimiento de las metrópolis depende mayoritariamente de la explotación de recursos de las periferias. La mayoría de los bienes consumidos en las ciudades son producto de procesos efectuados sobre materias primas extraídas de zonas periféricas destinadas a la actividad industrial. Sin excepción, todas las actividades industriales mencionadas implican un proceso de producción cuyo fin no es el abastecimiento de los productores sino la exportación hacia a las zonas urbanas. Ejemplificando: los productos alimentarios producidos en Limache, Olmué, Paine y Quillota son mayoritariamente consumidos en Santiago, Viña del Mar y Valparaíso; los productos agrícolas chilenos de mayor calidad son principalmente exportados a EEUU y China y minoritariamente consumidos en Chile.
  • El desarrollo de la técnica agrícola: el avance de la ingeniería alimentaria, la concentración del agua y la sobreexplotación de la tierra han permitido potenciar la producción agrícola haciendo crecer exponencialmente la cantidad de vegetales destinados a distribución y exportación, a tal punto que las zonas urbanas, a pesar de no producir alimentos, pueden abastecerse de una amplia diversidad de vegetales de alta calidad. En el caso chileno, solamente con la explotación agrícola de la zona central se asegura la mayor parte de la exportación de fruta y la distribución de mercancías alimentarias para todo el país.
  • El desarrollo de las técnicas de conservación: con el uso de técnicas como la deshidratación, la conservación en contenedores de vidrio, tetra pack y metal, los sistemas de refrigeración, pulverización y la extracción química de nutrientes han diversificado las maneras de distribución, preparación y consumo de alimentos. La ingeniería alimentaria y los métodos de envasado son los creadores de los alimentos no-perecibles y los suplementos alimenticios.
  • El desarrollo industrial del transporte: ha sido la ingeniería automotriz y la multiplicidad de formas de uso de la rueda lo que ha desplazado para la vida rural el uso de animales como transporte, tiraje y carga. Hoy es inusual que los centros de las ciudades sean recorridos por caballos, bueyes, burros o mulas. El desplazamiento de la fuerza de trabajo humana y animal mediante la mecanización del transporte es una tendencia que mantiene su curso ininterrumpido, no precisamente por razones morales, sino realmente por razones técnicas y comerciales.
  • El desarrollo de la industria textil: el uso de pieles animales para la fabricación del cuero hoy es relativamente opcional, principalmente gracias a la gran cantidad de formas en que se ha trabajado el plástico. La lana de oveja y alpaca en la actualidad es usada únicamente en sectores rurales como una práctica tradicional. La multiplicidad de telas de origen vegetal que se encuentran en el comercio permiten un sinfín de opciones para la confección de vestuario, ornamentación y calzado.
  • La ampliación de los métodos de observación y experimentación científica: el desarrollo de la biotecnología, las réplicas sintéticas y la investigación celular han permitido que los procesos de análisis científicos relacionados con la biología no dependan únicamente de la experimentación en macro-organismos vivos. Por lo tanto, el uso de animales como sujetos de experimentación bioquímica –aunque no ha desaparecido– se torna cada vez más prescindible.

Sin las condiciones mencionadas anteriormente, sencillamente no sería posible optar por un estilo de vida que prescinda del uso de animales como mercancía. La realidad industrial actual ofrece una infinidad de alternativas que no precisan el uso de materias primas provenientes de la ganadería. ¿Es debido a un ascenso en la consciencia ecológica o la sensibilidad con los animales? Lamentablemente no. Ha sido el abaratamiento de costos en materias primas, sumado a la automatización del trabajo, la principal razón por la cual los animales son cada vez menos usados en la industria.

Si ha disminuido la caza, no ha sido únicamente por las leyes de reservas y conservación de especies, sino también por la desmesurada urbanización y reducción de suelo rural y selvático que albergaba a las especies que allí habitaban. Si se ha reducido el uso de pieles para vestir no es precisamente gracias a la presión ejercida por los movimientos animalistas (aunque sin duda ha servido), sino porque las pieles son cada vez más escasas y costosas debido a la reducción de la fauna silvestre. Es el afán de acumulación y no el respeto por la vida lo que ha determinado la existencia de un mercado más plástico y menos animal.

Esas son las condiciones materiales concretas que permiten hoy, para gran parte de las ciudades de todo el mundo, que sus habitantes abandonen el consumo de mercancías que involucren explotación animal. Eso acompañado del creciente desarrollo del mercado vegan que, gracias a estas condiciones, ha visto una oportunidad de negocio en este estilo de vida.

3. Acerca de la industria y el mercado vegan.

Ninguna forma de producción es inmune a la hegemonía económica impuesta. Bajo un modo de producción capitalista, donde los medios de producción están en manos únicamente de quien posee privilegios sobre la gran mayoría de la población; donde la circulación de bienes y servicios tiene como único objetivo la acumulación de riquezas, toda elaboración de productos entra inevitablemente al sistema de competencia establecido por el régimen burgués.

Se hace oportuno precisar que, cuando hablamos de Industria o Mercado Vegan, no nos referimos en particular a las pequeñas y medianas cooperativas de alimentos veganos que subsisten en forma de comedores, pequeñas tiendas y redes de comercio local -que en todo caso no se escapan para nada de las leyes del mercado-, sino que hablamos de quienes tienen la capacidad técnica de producir cuantitativamente insumos alimentarios destinados a distribución comercial de mediana y gran escala. Una pequeña unidad productiva, por ejemplo, una cooperativa de almuerzos, no está en condiciones de poder abastecer a una ciudad entera, ni siquiera a una población completa.

Las condiciones actuales de densidad de población en los centros urbanos exigen un elevado nivel de producción de alimentos, definitivamente superior a las capacidades artesanales de cualquier individualidad o colectividad carente de medios industriales de producción en serie. Por lo tanto, será el sector social con mayor capital acumulado quien tendrá la oportunidad de emprender en este tipo de mercado.

No hay escapatoria económica posible dentro de los muros del capital. Tarde o temprano el modelo creado a imagen y semejanza de la burguesía nos pasa la cuenta. Todo aquello que consideramos alternativo y rupturista hoy, será absorbido y naturalizado mañana. La tendencia natural del capital es la concentración, el monopolio y la competencia.

El mercado vegan se diferencia de los demás únicamente en su público objetivo. La ley predominante del mercado es la oferta y demanda[4]. Mientras haya demanda, habrá oferta; mientras exista interés en la compra de productos, se abrirán mercados que los ofrezcan. Si existe una creciente industria libre de explotación animal no es precisamente debido a un cambio en la sensibilidad y fundamentos filosóficos de la burguesía, sino que ha sido un crecimiento determinado por el incremento de compradores y consumidores vegan.

El capital no tiene moral. Sigue siendo el incremento de las ganancias el principal motor de la producción. No ha cambiado en nada la estructura social ni el enfoque productivo, solamente se han abierto nuevos mercados para nuevos públicos. Incluso, las mismas industrias ganaderas y lecheras van lanzando líneas de productos vegan para disputar hegemonía dentro de ese mercado.

No debe parecernos extraño o decepcionante que las mercancías dupliquen su valor solamente por tener el sello vegan o cruently free. Los costos de producción de alimentos veganos son mucho mayores no porque los vegetales sean más difíciles de criar que los animales, al contrario, la ganadería es y será siempre más costosa que la agricultura por el sencillo hecho de que los animales se alimentan de recursos agrícolas. Lo que hace tan cara a la comida vegana son tres factores:

  1. La escasa competencia con las demás mercancías, pues está pensada para un público que no tiene otra opción de compra. Las líneas masivas de productos vegan, en su mayoría importadas de fabricación europea, tienen ya garantizada la compra de sus productos por el simple hecho de que sus consumidores no tienen acceso a otros proveedores. Esto incrementa en la medida que se amplía también el espectro de personas con condiciones alimentarias específicas como la intolerancia a la lactosa (fenómeno que se grafica más claramente en el mercado de productos sin azúcar o libres de gluten). El mercado vegan –al igual que el mercado gluten free– se sustenta principalmente en el hecho de que sus clientes NO PUEDEN consumir otros productos.
  • El NO uso de desechos industriales ganaderos como materia prima, lo que incrementa los costos de inversión. Los residuos procesados de animal como el suero de leche, el polvo de huevo, la gelatina y la manteca son de común uso en gran parte de los productos alimentarios debido a su bajo costo, su efectividad para aglutinar o texturizar alimentos, su alta cantidad de grasas y, en el caso de lácteos y huevos, una no menor cantidad de proteínas. La brecha que separa a los productos vegan del resto de alimentos radica principalmente en el desuso de residuos ganaderos de bajo costo.
  • Las limitaciones técnicas de una industria incipiente frente a las grandes y establecidas industrias alimentarias en cuanto a materias primas (cultivos propios y proveedores agrícolas), fuerza de trabajo (cantidad de trabajadores y valor de la mano de obra),  medios de producción (maquinarias y centros industriales) y medios de distribución (transporte, publicidad y puntos de venta). Para cualquier productor primerizo es un desafío entrar a competir en un mercado monopolizado debido a la gran cantidad de capital acumulado de la competencia.

Podemos afirmar que la industria vegan, a diferencia de la actividad industrial común, no aumenta sus ganancias únicamente con el incremento de plusvalía[5]. No ha crecido gracias a su superioridad técnica o el abaratamiento de los costos de producción sobre la industria alimentaria hegemónica, sino que todo su progreso ha sido gracias al incremento de la demanda (aumento de la población vegana) y el monopolio de la oferta (escasa competencia dentro del mismo mercado). La industria vegan no ha entrado aún a la competencia capitalista donde sólo gana quien más explota su materia prima y su mano de obra: la naturaleza y los seres humanos.

Cuando las industrias vegan alcancen un mayor nivel de diversificación y las empresas ganaderas tengan sus propias líneas de productos veganos, se impondrá finalmente la burguesía con mayor capital acumulado. La “libre competencia” no es más que una máscara del monopolio burgués. Cuando finalmente la burguesía dueña del monopolio de la industria alimentaria se imponga sobre las demás industrias, las ganancias del mercado vegan serán reinvertidas en la ganadería. Con el dinero de las personas veganas se financiará el asesinato y la explotación de animales.

Ejemplificando: líneas lecheras como LoncoLeche o Colun ya cuentan con ofertas de productos veganos como leche de soya o de semillas; líneas ganaderas como PF o La Crianza han lanzado diversos productos como hamburguesas y croquetas a base de soya o verduras. La diferencia de precios entre estas líneas y las compañías vegan europeas es notable, por lo que sin dudas tienen más probabilidad de ser compradas las mercancías fabricadas por las compañías ganaderas. Un caso más grosero aún, la multinacional de comida rápida Burger King anunció que ahora tiene a la venta una hamburguesa 100% vegetal[6].

Para quienes tomamos la decisión de no volver a consumir productos con huella de muerte, puede ser grato tener cada vez más opciones de consumo. Cada vez hay más alternativas en restaurantes, locales de comida rápida y supermercados. Puedo elegir la pizza con queso vegano, reemplazar los ingredientes del sushi o escoger la hamburguesa sin carne. Aunque el siguiente pedido en el mismo local tenga carne de cinco animales diferentes, puedo disfrutar tranquilamente de mi comida 100% vegana. Así, el dinero que gasté en mi plato vegano será invertido para comprar la carne que va a comer el cliente del siguiente pedido.

Es legítimo preguntarnos ¿Qué hemos logrado durante estos años practicando el veganismo? Sin considerar la riqueza espiritual o la satisfacción personal que podamos sentir, en términos materiales no hemos hecho más que ampliar y diversificar los mercados, abriendo paso a una emergente burguesía del mundo de la industria alimentaria que viene a cuantificar y mercantilizar la opción de vivir sin gozar la explotación animal. El veganismo, en términos históricos, hasta el momento no ha tenido otro fruto más que la industria y el mercado vegan, perfectamente cooptable y coexistente con la industria ganadera. Le hemos dado a la burguesía otro mercado que potenciar.

4. Una autocrítica política.

Abrir oportunidades a la burguesía es inevitable si se opera dentro de las lógicas y parámetros del régimen burgués. Todo movimiento que no atente contra los privilegios de la clase capitalista está destinado a hacer más grande y perpetuo el capitalismo. Es la naturaleza del capital convertir todo en mercancía. Las corrientes críticas que no se plantean la superación del capitalismo mediante una transformación revolucionaria de las relaciones sociales y las lógicas productivas, no hacen más que oxigenar y reinventar las formas de explotación.

EL veganismo, al plantearse desde la práctica individual, ha encerrado la voluntad de cambio en una lógica de estilo de vida por sobre una transformación de las relaciones sociales. Ha perpetuado las concepciones propias de la ideología burguesa al considerar que la solución para el sufrimiento y la crueldad es una decisión personal, libre y voluntaria que será garantizada por las leyes del libre mercado sin hacer ni un rasguño a la estructura social y el modelo económico impuesto. Eso sucede cuando una problemática social se intenta combatir desde una “política del estilo de vida”.

“¿Qué es la política del estilo de vida? Tal y como yo entiendo este término, proviene de las «políticas prefigurativas» de la filosofía anarquista: una creencia según la cual, con la finalidad de trabajar hacia la sociedad en la que queramos vivir, debemos «construir formas de organización ‘del hoy/presente’ que prefiguren la futura sociedad». Si acudimos a la segunda ola feminista, las defensoras de la política del estilo de vida sostienen que «lo personal es político» y buscan «incorporar su filosofía política en las minuciosas actividades del día a día». Como podrás darte cuenta, el consumo vegano ciertamente encaja en la consigna de la política del estilo de vida, junto con las acciones de conciencia medioambiental como darte duchas más cortas, y el tan fomentado proceso de «revisarse los privilegios de uno/a».

Por supuesto, no hay nada malo con ninguna de estas acciones, y casi siempre son bien intencionadas.  Sin embargo, basar la política de una/o en estas acciones individuales del estilo de vida, genera varias cosas:

1. Oculta la necesidad de organización revolucionaria.

2. Perpetúa una visión individualista del mundo.

3. Apoya la retórica capitalista del «poder del consumidor».[7]

A pesar de que el veganismo apunta a un horizonte profundamente revolucionario, sus métodos son pasivos, conservadores y conciliadores. Esto se debe principalmente a su falta de profundidad política. La estrategia del “boicot comercial” por medio de la abstinencia del consumo no hace ni un rasguño al régimen imperante.

Pensar en la acción fuera de las relaciones de clase es política pequeñoburguesa, pues niega la acción colectiva y el poder de las masas, desconoce el papel de la lucha de clases en las transformaciones históricas y obedece a una lógica conformista centrada en el individuo. Es natural que un movimiento nacido de capas sociales acomodadas, con cierto nivel cultural privilegiado y un mayor acceso a redes de información y comercio haya decantado en lógicas de mercado. El veganismo, para ser lo que es hoy, no necesitaba que la clase trabajadora tomara para sí los medios de producción y reorientara los paradigmas del trabajo, sino que bastaba con que la burguesía le cediera un lugar en su amplio abanico de mercancías.

Para quienes optamos por el veganismo, tenemos varias preguntas que hacernos: ¿Queremos que el veganismo sea una práctica individual o una realidad histórica? ¿Queremos más gente vegana o más animales libres? ¿Queremos librarnos de la culpa o queremos el fin de la explotación animal? Responder a esas preguntas nos llevará a tomar una postura política y buscar una estrategia coherente.

Convertir el veganismo en una realidad histórica mañana no niega la posibilidad de practicarlo en forma individual hoy. Sin embargo, debemos pensar en colectivo. ¿Basta con el ejemplo para que el resto nos siga? Creer en eso, además de posicionarnos como una especie de profetas iluminados provenientes del futuro, carece de una lectura objetiva de la realidad. Las condiciones objetivas (materiales) y subjetivas (ideológicas[8]) de nuestro contexto histórico obedecen a paradigmas impuestos que determinan nuestra cotidianidad en función de los intereses del capital. En particular, el consumo de carne o productos derivados de explotación animal es una condición ineludible de nuestra época, no una decisión consciente de la población. Para el sentido común[9], la explotación animal es natural. Desconocer esa realidad, negar que somos nosotres quienes están “fuera de la normalidad”, es partir en la derrota.

Practicar el veganismo es legítimo y necesario, pero siempre y cuando creamos racionalmente que la humanidad es capaz de desprenderse por completo de la explotación animal, de lo contrario, no es más que un capricho personal. Esto demanda que tomemos una posición política, una mirada estratégica y un rumbo con pasos tácticos a seguir. Como bien recordaba Lenin las palabras de Písarev:

                “Es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños. De examinar con atención la vida real, de confrontar nuestra observación con nuestros sueños, y de realizar escrupulosamente nuestra fantasía”.

Hasta ahora, el veganismo ha sido indiferente a una postura política clara y una estrategia de transformación social que contemple las diversas esferas de opresión que vivimos bajo el régimen actual. No ha tenido la madurez suficiente para identificarse con una propuesta para una nueva sociedad. La propuesta de hacer frente al modelo desde la práctica individual no ha logrado más que diversificar los mercados y ampliar el espectro de consumo.

Quienes buscamos la completa erradicación de la explotación animal no nos podemos conformar con la práctica individual. Para que el veganismo deje de ser una tendencia juvenil y se convierta en una realidad histórica no basta con abogar pasivamente por el cambio de mentalidad, la transformación cultural o la consecuencia ética guiada por la bondad o la razón. Para poner fin al especismo necesitamos una transformación política, un cambio revolucionario de las estructuras sociales y las lógicas productivas.

5. Veganismo socialista, una alternativa política anticapitalista.

Optamos por el veganismo porque practicarlo es posible, y siendo conscientes de esa realidad creemos que no practicarlo es una contradicción política. Somos socialistas porque la vida en el capitalismo es imposible, y siendo conscientes de esa realidad nos hacemos parte de una estrategia que pueda poner fin al régimen capitalista. En síntesis, creemos en la transformación de las lógicas productivas en perspectiva hacia un orden social justo, racional y equitativo que conciba la vida en armonía con la naturaleza y en respeto por el resto de seres vivientes.

Hay varios elementos que nos distancian del veganismo “a secas”, pero principalmente lo que nos diferencia de otras concepciones es que queremos hacer del veganismo una realidad histórica, es decir, queremos erradicar definitivamente el uso de animales como mercancía, pero no solo a los animales, sino también a los seres humanos y las riquezas naturales. En definitiva, para acabar con el especismo y la mercantilización de los animales, nuestra propuesta es des-mercantilizar la vida.

Sostenemos, desde una mirada histórica, que para erradicar la explotación animal y poner fin al especismo necesitamos acabar con el régimen de la propiedad privada sobre los medios de producción. Solamente con una transformación revolucionaria de las estructuras sociales y las lógicas productivas será posible una sociedad donde la vida no sea mercancía. En resumen, el especismo debe caer junto al capitalismo.

El capitalismo no caerá de la noche a la mañana, ni por bien planificada que sea nuestra propuesta social, ni por ética que sea nuestra filosofía, ni por masiva que sea la adherencia a nuestras ideas. El capital se sostiene sobre la violencia, anulando la voluntad de la mayoría e imponiendo un orden de vida genocida que, de no caer a tiempo, llevará a la naturaleza al colapso y a toda nuestra especie a la extinción. Luchamos contra el máximo nivel de desarrollo del odio y la indiferencia. El régimen burgués es el egoísmo hecho Estado. Derrumbar este modelo es una tarea que tardará generaciones. No empezó con Lenin y no acabó con el Muro de Berlín, es un proceso histórico que empezó como antítesis del capital y no sabemos cuánto tardará, pero sin una estrategia revolucionaria que haga caer este orden, la vida misma se desaparecerá antes que él.

Hay varios elementos a considerar para elaborar una propuesta coherente que se disponga a la emancipación humana y animal sin que quede en la mera consigna. Por una parte, el veganismo, hasta ahora, no ha traído consigo una concepción política que aborde las relaciones humanas en su dimensión social, es decir, se ha mantenido ajeno a la lucha de clases. Por otra parte, el socialismo, hasta ahora, no ha profundizado las relaciones de explotación y dominación fuera de las relaciones humanas, perpetuando y reproduciendo una concepción extractivista y especista del mundo.

Si pretendemos formar un vínculo inseparable entre especismo y lucha de clases, inevitablemente hemos de cruzar el veganismo con otras corrientes de pensamiento. No basta con ser vegan “a secas”. Nuestra intención es tomar una posición clara en cuanto a la relación entre capital, fuerza de trabajo y naturaleza. Es preciso retomar los planteamientos elementales del marxismo y aplicar un análisis crítico sobre la realidad actual, con una obligatoria mirada desde la ecología y las luchas territoriales.

No es casual que desde diversas corrientes críticas del pensamiento nos encontremos una y otra vez con las premisas expuestas por Marx y Engels en el Manifiesto del Partido Comunista. Hoy, cuando el mundo ha pasado por enormes crisis, con pandemias de alcance mundial que han terminado con la vida de millones de personas, con una crisis climática que amenaza con poner fin a la sobrevivencia de nuestra especie en un plazo menor a cincuenta años, con potencias económicas y militares con una capacidad armamentista tal que pueden acabar con la población de cualquier país con un simple envío de un misil atómico, más que nunca se hace evidente el carácter mortal y catastrófico del capitalismo. La moderna sociedad burguesa, hoy del más grueso calibre en su fase imperialista y neoliberal, polariza cada vez más la sociedad en dos clases sociales antagónicas: privilegiados y desposeídos; la burguesía y el proletariado.

El modo de producción capitalista ha generado, por una parte, una participación cada vez más diversificada de la sociedad en el proceso de producción y, por otra parte, la acumulación cada vez más concentrada de la riqueza en un sector de la población. Cada vez son más las personas que participan del proceso de producción y circulación de las mercancías, mientras son cada vez menos quienes se benefician del valor generado por estas.

La estructura de poder que sostiene el especismo es más que una figura abstracta alojada en la consciencia, es un modo de vida materialmente determinado por las condiciones de producción, cuyo origen económico lo podríamos atribuir a los comienzos de la ganadería. El mismo proceso histórico que Engels analiza en El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado, donde el dominio sobre la mujer, la tierra y los hijos se convierte en un derecho garantizado por la propiedad privada, es el que da origen a la concepción mercantil de las especies.

Aunque la incorporación de la carne en la dieta de los homínidos pueda haberse dado hace millones de años, la concepción del animal como mercancía no pudo haber surgido sin un elevado desarrollo de las formas de producción e intercambio. El surgimiento de la técnica ganadera fue posible únicamente después de un largo proceso de asentamiento donde la capacidad productiva de los cultivos agrícolas llegó a niveles que sobrepasaron el sustento alimenticio de la población productora, al punto de, además de permitir intercambiar los productos, era posible alimentar animales sin perjuicio al abastecimiento. Para no confundirnos, no hablamos de la caza, ya que su actividad se basa en la sobrevivencia, sino de la ganadería, la crianza de animales para ser consumidos como producto, cuyo fin es puramente económico, de intercambio y consumo.

Miles de años han transcurrido desde que la propiedad privada de la tierra, las herramientas y los animales han decantado en una forma de mercado que hoy conocemos como ganadería. Actualmente la carne que se comercia con fines alimentarios está muy lejos de ser resultado de una vida al aire libre con amplias hectáreas de campo donde el ganado pueda lograr su máximo desarrollo físico para tener como producto una carne de la más alta calidad. Hoy en día, en cualquier ciudad urbanizada, la carne se obtiene en una fiambrería, carnicería o supermercado que compra el producto que ya ha pasado por varios procesos desde que el animal estaba vivo hasta ser un montón de carne fileteada vendida por peso.

Hoy los animales destinados a la industria ganadera son criados en cautiverio, en las peores condiciones imaginables para un ser vivo. No hay comparación entre el cordero que crían los mapuche para comerlo colectivamente en una ceremonia y el cerdo que creció inmóvil en una jaula alimentado con hormonas y desechos agrícolas para ser asesinado con máquinas en un matadero. La cruel y bestial forma de convertir animales en mercancías envasadas es fruto del desarrollo industrial de la ganadería; es consecuencia del avance del capitalismo.

Las monstruosas formas en que el capital ha desarrollado su capacidad de expansión han sido fundamentalmente el saqueo y la devastación. La devaluación de la naturaleza y las vidas humanas es una condición inherente al modo de producción capitalista, no una desviación arbitraria. Técnicas como la crianza ganadera en aislamiento, la pesca de arrastre y los cultivos de salmones son resultado de un largo proceso de refinamiento de las técnicas productivas cuyo fin, reiteramos, no es alimentar a la población sino robustecer aún más las acaudaladas cuentas bancarias de los capitalistas, dejando a su paso un largo rastro de desempleo, contaminación y muerte.

Los resultados no serán muy alentadores si pretendemos analizar los resultados del impacto industrial en las diversas áreas productivas, pero en particular la macro-industria ganadera y pesquera son de las más nocivas en cuanto a impacto directo y a corto plazo sobre el territorio. No solo las especies animales destinadas al mercado se ven afectadas, sino también las condiciones del agua, la tierra y las especies que habitan los territorios donde se instalan estas actividades industriales. Por otra parte, las condiciones de la población trabajadora llegan a un nivel de pauperización espeluznante. Actividades como la pesca artesanal, la crianza de ganado a pequeña escala y los cultivos agrícolas de pequeños campesinos van siendo desplazadas por la actividad industrial de la gran empresa, condenando a los pequeños productores a la escasez, el desempleo y la proletarización.

Más allá de la lucha ideológica contra el especismo, está la lucha contra la devastación de la tierra, el agua, los animales y nuestra propia especie. Cuando viajamos al campo, podemos tomar una postura personal sobre comer o no de un animal del ganado familiar que ha sido sacrificado para una ocasión puntual, ahí son factores subjetivos los que entran en juego. Sin embargo, cuando hablamos de cientos de miles de animales sacrificados a diario, que consumen el doble o cuádruple de tierra cultivable que un ser humano, cuyos desechos contaminan las napas subterráneas que abastecen de agua los cultivos y los hogares, no se trata de un tema subjetivo sino material, concreto y objetivo, que afecta a toda la población, independiente de lo que personalmente decide consumir cada cual. Comprar pescado a un pescador artesanal, cuya capacidad de recolección es tan ínfima que le es imposible atentar contra la sobrevivencia de una especie, es también una decisión personal dentro del plano ideológico, pero la presencia de barcos pesqueros de arrastre, que en un día de recolección dejan sin actividad a toda una flota de pescadores, monopolizando los precios del pescado y exportándolos a las zonas urbanas no productivas, es un problema social que traerá consecuencias económicas sobre cientos de familias.

Sabiendo lo nociva que es la industria ganadera y pesquera, en todos los sentidos imaginables, puede parecernos que el veganismo es la solución más lógica y coherente, pero elegir qué comer es una decisión que sobrepasa la voluntad individual. Bajo las condiciones actuales de la industria alimentaria, con la amenaza de privatización de la semilla, el uso de transgénicos y pesticidas que esterilizan los alimentos, dañan la salud de la población, monopolizan el mercado agrícola, desvían los cursos del agua y devastan las condiciones del suelo, es sencillamente ridículo creer que la alimentación es una cosa “personal”.

No basta con “ser” vegan. Vivir sin culpa, con la satisfacción de no ser cómplice de un modelo sustentado en la violencia, no tiene en sí absolutamente nada de revolucionario. Mientras las vidas de millones de personas son empujadas hacia su propia aniquilación; mientras a diario son sacrificados miles de animales que durante toda su vida no conocieron la luz del sol; mientras la tierra es devastada por monocultivos y campos transgénicos; mientras los ríos, lagos y vertientes desaparecen a causa del saqueo del agua; mientras los animales marinos son empujados a la extinción por la pesca de arrastre; mientras toda la vida que existe fuera de nuestro mundo artificial va desapareciendo junto con los rastros que nos quedan de humanidad, no hay cambio personal alguno que sea realmente transformador si no pasa más allá del plano individual.

El Veganismo Socialista es una propuesta política, no una forma individual de consumo. Queremos transformar radicalmente las condiciones y lógicas productivas para poner fin al régimen burgués, el modelo industrial extractivista y el uso de animales como mercancías para el derroche consumista. No pretendemos en absoluto condenar a un carnicero o un pescador por ganar su salario en el negocio de la muerte. No nos interesa catalogar de asesino a un campesino que sacrifica un animal para una ceremonia en comunidad. Nuestro enemigo es el que históricamente ha atentado contra la humanidad y la naturaleza entera: la propiedad privada.

Nuestro planteamiento central es que es la propiedad privada la estructura de poder que subordina a los seres vivos a los intereses de los privilegiados. El especismo es, por tanto, un efecto y no una causa de la devastación. Es la división social del trabajo, la mercantilización de la naturaleza y la concentración de la riqueza lo que da origen y sentido a este orden de vida basado en el abuso, la violencia y el despojo.

No somos ilusos ni ortodoxos como para creer que el especismo desaparecerá mágicamente una vez que “se den las condiciones” para hacer caer al capitalismo. El comunismo es historia en movimiento, transformación sobre la transformación, una vida nueva que nace cada día engendrada entre las grietas de los roídos pilares de la putrefacta sociedad burguesa. No estamos para nada dentro de la ortodoxia socialista que cree que todas las luchas ajenas a las demandas económicas –y solamente aquellas que reduccionistamente se entienden como “económicas”– deben ser postergadas y subordinadas bajo la lucha del obrero industrial que liberará a las mujeres, los niños, los indígenas, el medioambiente y, si se dan las condiciones, también a los animales. Así como nos oponemos al individualismo pequeñoburgués del veganismo, también nos oponemos a la mirada obtusa del socialismo ortodoxo, cientificista y eurocéntrico. En una consigna:

¡Ni capitalismo verde ni extractivismo rojo!

6. Nociones veganas para el socialismo, propuestas socialistas para el veganismo.

No es suficiente con prefigurar la vida que queremos para el futuro, lo que necesitamos es desbaratar el modelo para que esa vida que anhelamos sea posible. No basta con convencernos ideológicamente para creer en un orden diferente, necesitamos transformar las condiciones materiales para que nuestra ideología se vuelva orden. La tarea del veganismo socialista es proponer estrategias para que la sociedad avance hacia un orden que haga realidad la práctica del respeto a la vida.

Nuestra estrategia consiste en poner fin a las prácticas industriales más nocivas para la salud humana y la biodiversidad, sentar las bases para la soberanía alimentaria a nivel local y regional y hacer valer los derechos de la naturaleza y los animales.

En términos concretos, proponemos…

  1. Cierre de todas las plantas ganaderas industriales en todo el territorio, sin compensación económica, garantizando la indemnización de los trabajadores y exigiendo el pago de una multa como tributo a las localidades afectadas por su actividad. Tomando como ejemplo la lucha de los pobladores de Freirina[10], que por medio de una activa y radical movilización lograron clausurar una planta procesadora de cerdos de la empresa Agrosuper[11]. La actividad industrial ganadera es nociva y peligrosa para el desarrollo y el estilo de vida de cualquier localidad, su clausura es una necesidad concreta para optimizar las condiciones de vida de la población.
  • Prohibición de la pesca de arrastre y expulsión de las salmoneras trasnacionales, con indemnización, multa y tributación en beneficio de los trabajadores y la población costera. La pesca y recolección artesanal han de ser la única forma legal de actividad económica en el mar, estableciendo normativas que regulen las temporadas y zonas habilitadas para garantizar la sobrevivencia y reproducción de todas las especies existentes en la fauna marina.
  • Cierre de todas las plantas agrícolas transgénicas y liberación de la semilla como riqueza natural de toda la humanidad. Prohibición del uso de pesticidas e intervenciones genéticas que puedan resultar perjudiciales para la salud de la población, la pureza del agua y la fertilidad de la tierra. Incentivo al intercambio libre de semillas y la formación de huertas comunitarias a pequeña y mediana escala.
  • Liberación del agua como riqueza in-apropiable y retorno a su cauce natural. Retiro planificado de todas las represas y plantas hidroeléctricas. Plan de redistribución urbana y rural para garantizar el abastecimiento de la población. Restricción del estancamiento y limitación del uso agrícola para no impedir su circulación. Incentivo a la innovación científica para optimizar el uso del agua, los sistemas de regadío, la extracción hídrica y el reciclaje de aguas servidas.
  • Reconocimiento constitucional de los derechos de la naturaleza y la biodiversidad. Establecimiento de límites territoriales para el poblamiento, las rutas de tránsito y la actividad turística con el fin de proteger y ampliar las zonas silvestres. Retiro de las torres de alta tensión y tendidos eléctricos sobre la superficie terrestre y plan de desarrollo energético sustentable y autónomo para las localidades.
  • Cese inmediato y tala planificada de todos los monocultivos forestales. Subsidio solidario de materiales de construcción para viviendas sociales en base a metal, adobe, ladrillo, plástico y cemento, en miras hacia el desuso definitivo de la madera como material de construcción. Restricción territorial para los monocultivos agrícolas y plan de reforestación nativa en función de la biodiversidad de la flora y fauna endémica del territorio.
  • Plan de des-urbanización y desconcentración de las ciudades. Reducción planificada de la densidad urbana y desprivatización de la industria inmobiliaria. Regulación del uso del suelo con límites para el uso de cemento privilegiando el uso de la tierra para fines agrícolas a pequeña y mediana escala. Descentralización de los recursos alimentarios y plan de abastecimiento local en todas las ciudades. Plan solidario de distribución y exportación de alimentos a regiones con capacidad agrícola limitada. Incentivo a las cooperativas agrícolas y establecimiento de límite territorial para el uso de la tierra.
  • Cese de la fabricación de plásticos, fomento a la pequeña, mediana y gran industria del reciclaje y plan de desarrollo industrial para la fabricación bienes esenciales. Prohibición del ingreso de material desechable a través de los puertos y aduanas. Plan de descontaminación, limpieza y saneamiento terrestre y marítimo para restablecer las condiciones óptimas para la vida de la flora y fauna del territorio.
  • Reconocimiento constitucional de los derechos de los animales. Prohibición de la venta de mascotas, animales exóticos y toda práctica recreativa, estética, deportiva o científica que implique el uso de animales vivos como objeto de abuso y maltrato. Incentivo a la adopción y esterilización de mascotas y creación de un sistema público para atención veterinaria.
  1. Planificación del menú alimenticio del sistema público en base a las necesidades alimentarias de la población, restringiendo el uso de ingredientes de origen animal y fomentando la gastronomía saludable. Incorporación de los conocimientos sobre nutrición y salud integral como parte de los programas formativos escolares y plan de socialización informativa sobre conocimientos nutricionales, medicinales y culinarios para toda la población.

Nuestras propuestas no son un pliego de demandas para adjuntar en una carta a la presidencia o una candidatura parlamentaria, entendemos que estos cambios no se darán por sí solos y la burguesía defenderá sus privilegios a punta de masacre si lo cree necesario. Estas 10 propuestas son premisas con una intención programática, que buscan ser un aporte al plan de lucha de los pueblos y nos permitan orientar nuestras demandas y luchas sociales hacia un horizonte de transformación que nazca desde los territorios en base a un análisis de la situación concreta y nos haga avanzar hacia un orden social libre de todo tipo de explotación.

Reconocemos la necesidad de la toma de los medios producción, pero no cualquier medio de producción, sino aquellos que nos permiten la subsistencia y el desarrollo integral de nuestras vidas. Entendemos la necesidad de la planificación económica y el intercambio mercantil con otros territorios, pero siempre y cuando nos permita desarrollar y potenciar un modelo social y económico basado en la solidaridad y el respeto por la vida. Estamos a favor del desarrollo industrial, pero de aquel que busca innovar en las lógicas de relación con la naturaleza, que se pone al servicio del desarrollo y bienestar de la población, que se propone restaurar y optimizar las condiciones del medioambiente y que pone los derechos de los trabajadores y la población por sobre los intereses del mercado.

No estamos en contra de la tecnología, al contrario, queremos que alcance su máximo potencial liberándola de la mediocridad barbárica del capitalismo y poniéndola al servicio de la humanidad. Valoramos la ciencia como método objetivo para comprender la realidad, libre de dogmas religiosos y concepciones ideológicas que justifican el abuso y la violencia. Sin embargo, nos oponemos al despotismo eurocéntrico de la ciencia occidental y reconocemos el valor cultural, ecológico y trascendente de los conocimientos ancestrales de los pueblos.

Nos posicionamos a favor del libre intercambio cultural, la valoración de la identidad y la trascendencia de los pueblos. Entendemos la globalización como consecuencia del neoliberalismo y la división internacional del trabajo, que actúa en desmedro del desarrollo nacional del tercer mundo y atenta contra la cultura de los pueblos. Sin embargo, reconocemos en la globalización una oportunidad para el intercambio con otros pueblos y culturas del mundo, sacando provecho de los sistemas y tecnologías que nos permiten comunicarnos a distancia, socializar la información, intercambiar bienes y servicios, conocer la diversidad de las realidades del planeta y promover una comprensión integral del universo.

Creemos en la autodeterminación política y económica de los pueblos, aspirando hacia el máximo desarrollo material, cultural y espiritual de los seres humanos. Las entidades públicas deben estar al servicio de la población y el desarrollo íntegro de las comunidades. Entendemos el socialismo como el proceso avanzado de la democracia popular, la planificación y la elaboración de estrategias desde y para el poder popular, no como un Estado centralizado que reproduzca lógicas burguesas despóticas sobre los pueblos.

No estamos en contra de conquistar demandas por medio de procesos institucionales, pero tampoco caemos en la ingenuidad de confiar en la bondad del Estado burgués y su burocracia. Las victorias populares serán fruto de la organización y movilización activa de la clase trabajadora, no de pactos conciliadores con la burguesía y sus partidos. Estamos en contra de la violencia, pero entendemos que su origen se sustenta en la defensa de los privilegios, y mientras exista una estructura de poder que los defienda, habrá una respuesta violenta por parte de los oprimidos. La violencia política está presente en todos los procesos históricos, siendo un factor decisivo para el curso de la historia. Validamos toda forma de lucha, movilización y autodefensa de los pueblos, acusando al Estado de monopolizar la violencia al servicio de una casta privilegiada.

Finalmente, defendemos dignamente que la humanidad no es la culpable de la devastación, sino los dueños del poder y la riqueza, quienes históricamente han edificado una sociedad basada en la violencia, el abuso y la explotación. Ellos son los responsables de haber orientado el conocimiento hacia la destrucción y la muerte, de haber convertido todas las riquezas naturales en insignificantes bienes de consumo, de haber distanciado a la especie humana por completo de su medio natural, banalizando la naturaleza y despojando al humano de su conexión espiritual con los demás seres vivientes. Tenemos nuestra clara convicción de que la humanidad ha de recuperar su naturaleza armónica y su capacidad para sentir, comprender y valorar la vida.

Por un mundo donde el amor, el respeto y la solidaridad sean la única ley universal…

Pueblos oprimidos del mundo, seres humanos sensibles, solidarios y amantes de la vida…

¡Únanse!

Valparaíso, Chile

Abril 2020

[1] La dieta vegetariana se basa en la abstinencia del consumo de carnes, ya sea por sensibilidad, razones médicas, religiosas, gastronómicas, etc. Por lo general no restringe el consumo de lácteos, huevos o mariscos. Incluso hay quienes mantienen el consumo de pescados.

[2] Básicamente el especismo es la idea de que la vida de ciertas especies es superior o inferior a la de otras.

[3] El antropocentrismo es la concepción del universo que pone en el centro a la especie humana.

[4] En términos básicos, la oferta es la cantidad de mercancía y la demanda es la cantidad de compradores. Si aumentan las compras, disminuye el stock (mercancía disponible) y los precios se elevan. Si disminuye la compra, aumenta el stock y los precios bajan. Mediante un estudio de mercado, se invierte el capital para producir un stock que no supere las expectativas de la demanda, así se garantiza una oferta que permita mantener control sobre los precios.

[5] La plusvalía (o plusvalor) es el valor agregado del capital extraído directamente de la fuerza de trabajo. Todo el trabajo excedente que la mano de obra no recibe en su salario va a parar directamente al bolsillo del capitalista. Cuando se incrementa la producción prolongando la jornada laboral se llama plusvalía absoluta; cuando incrementa la producción perfeccionando la técnica sin aumentar la jornada se llama plusvalía relativa. En todos los casos la extracción de plusvalor no es más que el abaratamiento de los costos de la mano de obra, es decir, no pagarle al trabajador las riquezas que produce sino lo imprescindible para vivir.

[6] “Impossible Whopper, la nueva hamburguesa vegetariana de Burger King”. Diario La Tercera. https://mouse.latercera.com/burger-king-impossible-whopper-hamburguesa-vegetariana/

[7] Ali Seiter, La política del estilo de vida no traerá la revolución: el veganismo no es ni de lejos suficiente. 2016. http://traslosmuros.com/blog/critica-la-politica-del-estilo-de-vida-en-relacion-al-veganismo                                

[8] Louis Altusser define ideología como una “representación imaginaria del individuo sobre su relación con la realidad”, que en todo momento está determinada por los Aparatos Ideológicos del Estado,es decir, la ideología es una interpretación personal de lo real, pero ajustada al bombardeo de la propaganda burguesa incrustada en la escuela, la familia y los medios de comunicación. Véase en L. Altusser, Aparatos Ideológicos de Estado.

[9] Antonio Gramsci define sentido común como “la filosofía del pueblo”, la “hegemonía cultural impuesta”, una ideología arraigada a las masas como resultado de procesos históricos determinados. En otras palabras, el sentido común es producto de la lucha de clases en su dimensión ideológica.

[10] El año 2012, las pobladoras y pobladores de la localidad de Freirina, Provincia de Huasco, Región de Atacama, a través de la Asamblea Popular de Freirina lograron articular una masiva y radical movilización que derrotó a la empresa Agrosuper, la ganadera más grande de Chile. Véase en el Documental Freirina Rebelde: https://www.youtube.com/watch?v=uT-JRriMEtE

[11] El año 2017, tras cinco años de paralización industrial, la empresa finalmente retiró por completo todas las maquinarias de la ciudad. Véase en: https://www.latercera.com/noticia/agrosuper-retira-equipos-planta-freirina-tras-cinco-anos-suspension/

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